Los estudios sobre los incendios forestales del pasado demuestran que el fuego ha existido en todos los paisajes, climas y contextos
culturales desde la Prehistoria hasta la actualidad, tanto en el Pirineo de clima mediterráneo, como en la montaña Cantábrica de clima
atlántico. Esto se debe a que la ocurrencia de un incendio requiere simplemente biomasa seca y condiciones ambientales apropiadas de
viento y temperatura. Lo que no ha sido igual a lo largo del tiempo, han sido los regímenes del fuego, es decir, los parámetros que los
determinan: intensidad, severidad, extensión, frecuencia, recurrencia y estacionalidad. Para analizarlos con la máxima información
posible, se precisan dos escalas temporales muy desiguales: una a largo plazo temporal (últimos 11.700 años desde el inicio del
Holoceno), que ha de servir para analizar la antigüedad del impacto del fuego en el paisaje forestal y la configuración de los espacios
abiertos; y una de corto plazo (últimos 70 años desde las segunda mitad del s.XX), que sirva para identificar las dinámicas actuales en un
contexto de emergencia climática y de cambio estructural del territorio. Para poder discutir unas propuestas de gestión efectivas, se
propone una comparación entre distintos Espacios Naturales Protegidos (ENPs) con modelos de gestión distintos. Y para ello se han
elegido dos zonas piloto, una en la montaña Cantábrica (El Parque Nacional de Picos de Europa y sus respectivas zonas de influencia en
Cantabria, León y Asturias y, el Parque Natural Saja Besaya); y el Pirineo de Lérida (Parque Nacional de Aigüestortes y estany de Sant
Maurici y Parque Natural del Alt Pirineu).
El proyecto parte de la hipótesis que en los espacios abiertos de montaña, los factores bioclimáticos holocenos han sido los responsables
de la frecuencia, recurrencia y estacionalidad de los incendios a lo largo del tiempo y que el grado de abandono de las prácticas agrícolas
y ganaderas ha determinado la extensión, intensidad y severidad de los incendios a partir del Neolítico. Para dar respuesta a esta
hipótesis se plantea como objectivo general, diseñar un nuevo modelo de gestión para los espacios abiertos de estos ENPs, que permita
reducir los incendios forestales y adaptarse al nuevo contexto de emergencia climática.
Para llevar a cabo este objetivo general se plantean cinco objetivos específicos, dos orientados a analizar la recurrencia, frecuencia y
estacionalidad a largo y corto plazo (objetivos específicos bioclimáticos) que se analizarán a partir de distintos registros (turberas y lagos)
y técnicas paleobotánicas (carbones sedimentarios, microcarbones, polen, materia orgánica, etc.) y estadística bioclimática (nieve y
ocurrencia de incendios, BBDD clima). Y otros dos para el análisis de la intensidad, severidad y extensión, también a largo y corto plazo
(objetivos específicos antrópicos) que se trabajarán mediante la comparación de indicadores antrópicos (BBDD polen, carbones y usos
del suelo) y análisis geoespacial (SIG y Teledetección). La integración de todos los resultados (objetivo específico número 5) permitirá la
elaboración de un DAFO sectorial para cada zona y otro de general, para la identificación de Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN)
que permitan establecer directrices de uso y gestión de los espacios abiertos en ENPs del norte peninsular.